Boletín de Noticias de las Secciones Sindicales de FeS - UGT

en el Banco Popular Español de Canarias

Número 7,  octubre de 2000

  

UNA SITUACIÓN DEGRADANTE

         Ya nadie lo recuerda; sin embargo, hubo un tiempo en que el personal del Banco Popular hizo que “su” empresa fuera la “Número Uno” del ranking mundial en cuanto a rentabilidad de las entidades bancarias.

         Ahora, no tanto tiempo después, en el ámbito de la División Territorial de Canarias, y en concreto en el campo de la política de personal, se está viviendo en los últimos meses una situación que, en el más optimista de los casos, cabría calificar como de degradante.

        Porque degradante es que se reciban instrucciones del Director de la División Territorial de Canarias en las sucursales de que el horario de trabajo por las tardes es de 5 a 8.

         Porque degradante es que, desde la División Territorial de Canarias, se haya acuñado el término “empleado de Convenio” para referirse a los que trabajan de 8 a 3.

         Porque degradante es que algunos directores tengan que llevarse la comida hecha desde sus casas, ya que, desde la División Territorial de Canarias, a pesar de pasarse el día trabajando en la oficina, les denieguen que coman en un restaurante o cafetería por cuenta de la empresa.

         Porque degradante es que los pactos individuales de muchos directivos tengan que renovarse cuando se cumple un trienio, para no quedar salarialmente por debajo del Convenio.

         Porque degradante es que las gratificaciones de vivienda que cobran los apoderados trasladados no lleguen a cubrir el importe de los alquileres.

         Porque degradante es que hace unos meses se haya producido el despido improcedente de un compañero con más de 50 años y muchos de servicio en el Banco porque se le hicieron unas fotografías, estando de baja, en las que al parecer “sus” actividades no favorecían su recuperación.

         Porque degradante es, asimismo, que recientemente se haya llegado a otro despido improcedente de una compañera de parecidas circunstancias en cuanto a edad y antigüedad, haciéndole firmar un escrito que ni por lo más remoto pensó que pudiera ser causa de despido.

         Porque degradante es que cuando los beneficios crecen más de un 10%, haya muchos empleados que no puedan alegrarse porque se han conseguido con jornadas de mas de 10 horas diarias, obligados a estar lejos de sus familias, y viviendo hasta cuatro en un piso porque no pueden pagarse el alquiler de una vivienda digna.

         Porque degradantes son, en fin, todo el cúmulo de circunstancias que hacen que buena parte de los empleados no sientan la empresa como suya, que ya no estén orgullosos de pertenecer al Banco Popular, que la mayoría se sienta frustrada y desilusionada, y que eso, señores, no lo olviden, se traduce en clientes descontentos, y lo que es peor, en exclientes.

         Los resultados internos no se están dejando esperar. Los indisimulados portazos de los directivos y administrativos que se marchan a la competencia cada vez más deprisa y en mayor número debían sonar como avisos de que la situación roza ya lo intolerable. Quizá sea el momento de que, desde la Alta Dirección comiencen a plantearse que, en Canarias, no sólo habría que cambiar a algunas personas, sino lo que es más importante, deberían cambiarse algunas políticas.